jueves, 19 de septiembre de 2013

Mi carne

Tú, deseo palpitante
tú, eres parte de mi sangre
de mi olvido, de mi cuerpo errante
eres el duelo a batir pero sin guante.

Mi tortura, mi alma rebosante
tú, condena perpetua por amarte
mi espina, mi rosa marchita
yo, presa proscrita sin rescate.

Solo tú.
Estás impreso en mi carne
has calado en mis huesos
has llenado de imaginarios besos
este paraíso aún incierto de maldades.

Tú, mi obsesión, mi delirio, mi punto y a parte,
lo que al mirarte consigo, deduzco
me envía a otro mundo
sin embargo no puedo amarte.

Tú, fruto prohibido
que me empuja a poseerte
tú, te irás antes de que haya amanecido
sin embargo no debo quererte.

Tú, pones mi piel en llamas
aunque nada puedas darme
con tu ser me reclamas
pero no vengas más por mí, no me llames.

Esclava de una noche loca
de un amor inesperado
tú, yo, nuestras bocas
sin buscarlo se han devorado.

Como un caballo desbocado
y un jinete blandiendo su espada
yo me resisto a estar a tu lado
más prefiero dibujar tu espalda.

Te he vuelto a ver en sueños
de memoria conozco tu cara
tú me llamabas con un dedo
y la vida misma yo abandonaba.

Mi voz callada te reclama
con dudas, con miedo
tú incendias mi cama
con cada mueca, con cada gesto.

Tú, mi asunto pendiente
abres la caja de pandora
eres mi noche más ardiente
y hoy mi piel te añora.

Tú, mi confusión presente
mi provocación ahora
un amigo, un amante
contigo me olvido de las horas.

Yo, extraño el sonido de tu voz
al llegar la alborada
acariciando mis oídos
como yo acariciaría cada palabra.

Extraño tus manos hábiles
conociendo mi cara
tus piernas fuertes
atrapándome con todas tus ganas.

Tú, tienes la llave que abre mi puerta
el seguro que encierra mis pesares
el pasadizo secreto a revivir mi pasión muerta
la ventana discreta que conduce a mi carne abierta
a mis besos, a los placeres más carnales.

Tú, mi agonía predispuesta
el amante que se fuga
con las maletas en la puerta
en mi honda herida hurga
pero vuelve cuando ya no estoy alerta.

Me das la ilusión acabada
me das todo cuanto te pido
por la noche anidar en tu ombligo
por el día una desidia, mi camarada

Disimulas el deseo de tus venas
tus gemidos a duras penas
su mirada llena de reproches ignoras

tu culpa, tus densas cadenas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario