Yo que decía que no era mujer de besos, que pagué poco a poco, día a día mis excesos.
Te llamo a escondidas, debajo de la cama está la maleta para seguirte de por vida, mi equipaje son sonrisas que tú me otorgabas, lágrimas que con tus manos secabas.
No puedo creer que no vayas a volver, ayer soñé que estaba dormida y a los pies de mi cama tal como mi alma aguardaba arrodillado a mis pies me decías:
duerme niña engreída, duérmete una vez más y no digas tonterías, ya yo escuché lo que quería.
Y mi cuerpo temblando, torsionándose, estremecido por ese sueño alejada de la realidad se sobresaltó.
Mi corazón sangrando quiso sanar las heridas, saltar de mi pecho y correr a detener aquella partida. ¿Por qué el orgullo gana la partida? ¿Por qué tira los dados sin saberse vencida?
Niño de labios embrujados, de cabellos rebeldes, de brazos cansados y mirada tenue; niño ven a hacer noche en la cama, yo cambiaré las sábanas de rosas y amapolas, yo perfumaré la almohada, sólo nos abrazaremos y nos amaremos a solas. Niño de caminos perdidos, de destino desierto, descansa en mi pecho hundido, vamos a dormirnos junto a nuestro lecho
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