jueves, 19 de septiembre de 2013

El adiós

Fue infinito el momento desde que una lágrima resbaló desde mi párpado hasta mi mejilla, lenta, fría dejando su rastro por mi cara y él, detrás de mí mientras yo me lo imaginaba mirándome, imaginando que le dolían mis lágrimas. Y a pesar de todo aparentaba serenidad, calma aunque por dentro yo sabía que estaba descompesta, dolida, que cada músculo de mi cuerpo se negaba a sostenerme en pie, cada órgano vital seguía su curso de nuevo aunque el dolor me dificultara la respiración. Toda aquella felicidad había llegado YA a su fin. No podía recordar una sola razón que me empujara a quedarme, un solo motivo que me empujara una vez más a sus brazos, sólo la traición. Él no pronunció una palabra. Todo había terminado como había comenzado, con un gran vacío en el alma difíci de llenar, con lágrimas que emanaban sin que yo las invitara a salir. Simplemente surgían mientras mi voz sólo era silencio. El silencio de la soledad
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