jueves, 19 de septiembre de 2013

El espejo

Siempre lo mismo al mirarme al espejo,
siempre detrás de mí la sombra de mi reflejo,
siempre me escondo, me miro pero es que no me veo,
siempre me olvido de lo que soy y no me encuentro,
siempre ese duende jugando en un precipicio convexo,
siguiendo sus pasos de nuevo me pierdo,
de nuevo me duermo para no estar despierta
siendo presa de este árido y negro miedo.
Y otra vez escucho esa voz entre mis recuerdos,
nunca antes despertó con esa fuerza en mi pecho,
nunca antes me dijo que soy sombra inerte,
sueño viviente y palpitante entre míseros versos.
En este laberinto dormido, marcando sus curvas
en cada línea de mi cuerpo herido.
Siempre silueta pintada al óleo que desaparece a tu lado,
siempre mostrando la faceta de un sueño encarnado.
Ahora ya siento los músculos demasiado pesados,
quiero dormirme, dormirme en el lago de tus ojos,
quiero soñarte como quiera siempre, siempre a mi antojo,
pero siempre vuelvo al mismo espejo,
donde tú marcas cerca, yo muestro lejos;
donde bebo sorbo a sorbo una copa de vino añejo
aguardando la respuesta de tus ya cansados dedos,
y me mezo contra el viento
tu sonrisa no da nada, pero yo espero menos.
Y me voy diluyendo como esa gota húmeda,
como ese día tan feo, tan gris, tan eterno,
pero yo me pregunto, susurro denso,
¿qué nos queda fuera del espejo?
Tú serás un largo ente caminando entre pasos desiertos
yo te busco en mi fantasía de inmensos deseos
a pesar de todo, de mil anhelos
tú siempre estarás fuera, yo siempre dentro.

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